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Básico
Descripción
Los maníaco-depresivos oscilan entre estar "tan felices" y "tan tristes". Las fases de depresión y manía se alternan. La gama de emociones incluye todo lo humanamente posible, desde la más profunda soledad hasta la euforia.
Dado que el estado de ánimo fluctúa entre dos polos, se utiliza el término trastorno afectivo bipolar.
El número de episodios que se experimentan varía de una persona a otra. Entre dos episodios, los pacientes están completamente sanos y sin síntomas.
Aproximadamente el 1% de la población está afectada por este trastorno, y las mujeres y los hombres lo están por igual.
El primer episodio suele producirse entre los 20 y los 30 años.
Causas
Se han identificado factores hereditarios en estudios familiares y de gemelos. Hasta ahora, se ha sospechado que el desarrollo del trastorno afectivo bipolar se debe a una combinación de varios genes e influencias ambientales.
Muchos indicios sugieren que la regulación y la distribución de los neurotransmisores (sustancias mensajeras) en el cerebro están alteradas. Por lo tanto, el tratamiento farmacológico trata de conseguir una liberación controlada de, por ejemplo, serotonina, noradrenalina o dopamina.
Las drogas también pueden provocar estados maníaco-depresivos. Entre ellos se encuentran la cortisona, el metilfenidato, los medicamentos para el Parkinson y la epilepsia. Drogas como el alcohol, la marihuana, la cocaína o el LSD también pueden ser desencadenantes.
Según los informes de casos raros, los síntomas también se producen después de las lesiones cerebrales.
Síntomas
Fase depresiva
- Abandono, desesperanza
- Desgana
- (Alteraciones del sueño, especialmente en la segunda mitad de la noche
- Pérdida de apetito y, por tanto, de peso
- Expresiones faciales y gestos rígidos
- Pensamientos suicidas
Fase de euforia
- Estado de ánimo elevado
- Mayor impulso y energía
- Reducción de la necesidad de dormir
- Agresividad, irritabilidad
- Aumento de la percepción sensorial, alucinaciones
- Impulsividad
- Imprudencia, sobrevaloración de sí mismo
- Aumento de la confianza en sí mismo
- Bajo umbral de inhibición
Diagnóstico
No hay pruebas disponibles para confirmar este trastorno. No obstante, el diagnóstico se realiza, normalmente sin problemas, en base a los cambios de humor característicos. La información, como los antecedentes familiares, puede ser muy útil.
El médico realiza una historia clínica detallada, preguntando por enfermedades anteriores, acontecimientos desencadenantes y conflictos familiares o laborales.
Sobre todo a partir de los 40 años, hay que realizar más exámenes para descartar enfermedades cerebrales o metabólicas.
- Examen neurológico
- Análisis de sangre (niveles de tiroides, hígado, riñón, minerales y vitamina B12)
- ECG (electrocardiograma)
- EEG (electroencefalograma)
- MRT (resonancia magnética)
Es esencial proporcionar información sobre todos los medicamentos tomados recientemente, ya que no se pueden descartar como desencadenantes.
Terapia
Además del tratamiento adecuado, la profilaxis de las recaídas es también de gran importancia.
Fase depresiva aguda
En el caso de la depresión leve, la terapia de conversación suele ser suficiente. Este tratamiento puede apoyarse en la administración de antidepresivos, que pueden dividirse en los siguientes grupos:
- inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina
- Inhibidores de la recaptación de norepinefrina
- Antidepresivos tricíclicos y tetracíclicos
- Inhibidores de la MAO (monoaminooxidasa)
- Neurolépticos modernos
La elección del fármaco adecuado depende de la edad, el peso, las preferencias personales y las enfermedades concomitantes. La elección del fármaco adecuado depende de la edad, el peso, las preferencias personales y las enfermedades concomitantes. En los casos graves, especialmente en combinación con pensamientos suicidas, la hospitalización puede ser beneficiosa.
Fase maníaca
Las fases de euforia suelen tratarse con neurolépticos, sales de litio o ácido valórico. Sin embargo, debido a que los maníacos pronunciados carecen de la percepción de un tratamiento necesario, a menudo se hace necesario el tratamiento en una institución psiquiátrica.
Terapia a largo plazo
Los episodios maníacos o depresivos pueden prevenirse con una terapia de litio a largo plazo. Dado que el seguimiento regular es muy importante en esta estrategia de tratamiento, es un requisito previo una estrecha relación de confianza y cooperación entre el médico y el paciente.
Las terapias preventivas con fármacos antiepilépticos como la carbamazepina, el topiramato o el ácido valproico están menos probadas o demostradas.
También es muy importante llevar una vida regular, ya que los episodios maníacos también pueden desencadenarse por un sueño insuficiente.
La psicoterapia de acompañamiento es muy recomendable, pero debe decidirse individualmente.
Previsión
Con un tratamiento constante y a largo plazo, las fases depresivas y maníacas pueden llegar a su fin.
La medicación y los tratamientos psicoterapéuticos, ahora muy mejorados, han sido probados por los estudios, al igual que la reducción de los efectos secundarios. Los pacientes pueden concentrarse mejor en su trabajo y en su entorno social.
No obstante, sigue siendo indispensable una estrecha colaboración entre el paciente y el médico. Esto supone ventajas como el reconocimiento a tiempo de las recaídas y un tratamiento preciso a largo plazo.
Si el tratamiento fracasa, las personas maníaco-depresivas se ven gravemente limitadas en su vida cotidiana y profesional. En comparación con los individuos sanos, tienen una tasa de suicidio significativamente mayor.

Autor
Danilo Glisic
Autor
Como estudiante de biología y matemáticas, le apasiona escribir artículos de revista sobre temas médicos de actualidad. Debido a su afinidad por los números, los datos y los hechos, su interés se centra en describir resultados relevantes de ensayos clínicos.
Principios editoriales
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